"Amor mío, amor mío.

Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo".

Vicente Aleixandre.

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martes, 19 de febrero de 2013

Sin tiempo ni fecha



Ayer, al salir del trabajo, me encontré con Enrique, un amigo de esos de toda la vida, Entramos en un bar cercano a tomar un café, hacía al menos seis meses que no nos veíamos, así que le pregunté qué era de su vida. Me habló, entre otras cosas, de su nuevo trabajo y de su familia, pero sobre todo, de lo que más me habló fue del tiempo, mejor dicho, del “no tener tiempo”. Estuvimos poco más de media hora sentados en aquella cafetería, no paró de mirar el reloj de su muñeca, en algún momento, casi me sentí violenta, como si le estuviera retrasando en alguna cosa importante. Al final como supondréis, nos despedimos de aquellas maneras en la escalera de un autobús urbano. Durante la charla, estas fueron algunas de sus frases:

"Un café rapidito, no tengo mucho tiempo". 
"Me han regalado un libro, lo leeré cuando tenga tiempo". 
"Leo las cosas por encima, no puedo malgastar el tiempo". 
“No tengo tiempo ni para ver una película”.
"Vale, de acuerdo, tú puedes perder el tiempo, yo no". 
"Perdona, te llamaré, ahora tengo que coger ese autobús". 

Cuando me acosté, se me vino a la cabeza el encuentro con Enrique, soy de esas personas que pasadas unas horas le vuelven a la memoria algunas de las cosas que le han ocurrido durante el día, una especie de revivir lo importante para analizarlo más detenidamente, conversaciones, encuentros, lo que he visto…. Así que pensando en lo que me dijo, sentí que no coincidía con él en muchas cosas.

Yo, últimamente siento que el tiempo es quien me pertenece en lugar de ser yo su prisionera, he aprendido que si bien no hay que malgastarlo, tampoco ser su esclava es la solución a nada. Hace tiempo ya que descubrí que podemos empeñarnos en correr más que el reloj, pero aun así, el día, seguirá teniendo veinticuatro horas. He llegado a la conclusión de que el tiempo no se pierde por escuchar lo que un amigo nos cuenta cuando está preocupado, o cuando le va bien y está contento. Que quedarse embobada mirando una puesta de sol, es más importante que echarle una carrera al día, que nada es comparable a una noche de estrellas en la que Chet Baker nos regala una balada desde un viejo vinilo. Que el amor y la amistad no los define el tiempo, sino las ganas.

Así pues, he decidido por unanimidad conmigo misma decretar: que el tiempo tiene, simplemente, la importancia que yo quiera darle. Por lo que, esta norma es de obligado cumplimiento, para mí y para todo aquél que pase por mi vida en cualquiera de las formas posibles.




                                                                                                                                                                                                                                 Soledad.

Sin tiempo ni fecha.

domingo, 10 de febrero de 2013

Antes de que llegue la medianoche




Hoy estoy de suerte, estoy contenta, he conseguido dormir casi seis horas seguidas, todo un récord para mí, así que esta mañana me he despertado realmente emocionada y feliz, y mira que tengo cosas que hacer antes de que el reloj llegue a la medianoche. Pero hoy soy consciente de que tengo responsabilidades que cumplir, que soy importante. Así pues, mi primer trabajo de hoy será escoger qué clase de día quiero tener.


Todos hemos oído alguna vez que conforme uno se hace mayor se va haciendo invisible, que con la edad disminuye nuestro protagonismo en la escena de la vida, o sea, que nos volvemos casi imperceptibles para un mundo en el que sólo cabe el poder, la sangre nueva y el ímpetu de la juventud. Y dentro de estos parámetros, yo muchas veces le he dado vueltas a que no tuve la suerte de nacer en una familia de esas con “posibles”, pero lo cierto es que siempre he sido consciente de lo que mis padres, pesé a todos los problemas e inconvenientes, fueron capaces de darme con sus pocos medios: una familia, tres comidas diarias, cariño, educación, valores…, y lo que con mi esfuerzo y empeño fui consiguiendo por mí misma.

Y es que aunque todo esto pueda ser verdad, que todo depende en gran parte de la suerte y de cómo te vaya en la vida, también lo es que para lograrlo hay que tener fe, valor y confianza en nuestra capacidad, pensar en positivo, y sobre todo saber que uno es importante en la vida. A esta hora de la mañana, puedo quejarme porque el día ha salido lluvioso, o puedo agradecer algo tan sencillo como que no tendré que regar las macetas de mi terraza. Hoy puedo sentirme triste porque ando justa de dinero, o puedo estar contenta de que así no compraré cosas innecesarias. Puedo maldecir de mi precaria salud, o puedo poner más empeño en recuperarme y salir adelante.

Así que a menos que tengas otros planes para hoy, puedes lamentarte de que tu rosal tenga espinas o felicitarte porque te ofrece sus rosas. ¡Qué tengas  un gran día...!






domingo, 3 de febrero de 2013

Como tengo ganas y tiempo...





Es invierno, quizá ésta sea la época del año que más invita a la  introspección y al análisis, a esa especie de recogimiento interior, ese aprovechar el frío para vaciar de los cajones las viejas fotos, los calcetines con tomates y aquellos pantalones tan monos que estuvieron de moda hace años. Es la época ideal para dejar espacios libres y limpios, para hacer hueco a lo nuevo, que sin duda, está por llegar. Es  tiempo también para la pereza y el letargo, para que se peguen las sábanas los fines de semana, para mirar por la ventana el paso de las nubes y la lluvia tras los cristales. Es el instante ideal para disfrutar un libro entre las manos y de un chocolate con churros para merendar...

Estaba necesitada de hacer limpieza interior: tirar algunos pensamientos no deseados y lavar algunos recuerdos que estaban ya medio oxidados.  Así que saqué aquellos que ya no uso y los que no quiero ya. También tiré a la papelera algunos sueños, algunas ilusiones, papeles de regalo que nunca usé, sonrisas que nunca di. Tiré a la basura la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí… Como tenía tiempo y ganas, busqué mis sonrisas futuras y mis pretendidas alegrías y las coloqué sobre una estantería ordenadas por sueños. Coloqué en los estantes de abajo algunos recuerdos de la infancia, en los de encima los de mi juventud y bien colgado en frente, puse mi capacidad de amar, la fuerza de recomenzar, y luego pasé un paño por el estante de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas.

Cogí las palabras de rabia y de dolor que estaban en el estante superior, pues la verdad, ya casi ni las uso, y las tiré a la basura en ese mismo instante. Otras cosas que aún me hieren, las coloqué en un cajón para después ver qué  hacer con ellas, si las guardo para aprender en un futuro o las olvido y también las tiro a la basura. Del armario del desván saqué todo y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas, deseos reprimidos, palabras horribles que nunca hubiera querido decir, heridas que causé a algún amigo, recuerdos de un día triste…

Arrojé directo al cubo los restos de un amor que me hirió. Rebuscando también encontré en una vieja maleta olvidada aquella luna de color de plata, esa puesta de sol que vimos juntos, el amor, la alegría, las sonrisas, un dedito de fe para los momentos que más la necesito. Recogí con cariño el amor encontrado, doblé ordenaditos los deseos, coloqué perfume en la esperanza, y me senté en el suelo para poder escoger algo para llevar siempre en el bolso. 

Es invierno, es tiempo de limpieza y puesta al día, pero sobre todo es el momento ideal para hacer acopio de la energía necesaria para derrochar en primavera.


lunes, 28 de enero de 2013

Tal como hoy, pero bajo otro cielo


Recuerdo que eran como las ocho de la mañana y con una alegría poco común en mí, le pedí al camarero un café cortado y un croissant. Tomé el periódico y me puse a ojearlo tranquilamente, todo lo que pasaba en el mundo era "relativamente" normal, nada que pudiera sorprenderme más de lo habitual.
    
De pronto, mis ojos se pusieron a llorar, así sin motivo aparente. Sola y en medio del salón, rodeada de ancianos que dormitaban en los rincones, de eternos madrugadores de “sol y sombra” y humeante puro, lloré sin sentido ni razón justificable. Sé que aquel fue un sentimiento abrumador. Que me invadió una repentina nostalgia, que una extraña sensación de soledad me inundó, e hizo que me temblara el cuerpo y el alma, desbordándome en un peculiar estado de ánimo que no llegaba a entender. Fue como caer en un abismo sin fondo, así, de repente, sin previo aviso.

Ahora, cuando recuerdo aquella mañana, cuando revivo mentalmente aquella angustia, soy plenamente consciente de los motivos que llevaron a mi mente a ese estado casi catatónico. Hoy, con el paso de los años, apenas si puedo recordar tu rostro, ya no sé si lo que guarda mi memoria es la realidad de tu mirada o una extraña fantasía que he creado y perfeccionado día tras día, año tras año. Ya no sé si después de tanto pensarte y modificarte, tal vez no seas ni parecido a la fotografía mental que de vez en cuando vuelve a mi cabeza.

Y sé, que como todo en la vida, el tiempo terminará difuminando la luz de tu mirada en mi memoria, que sólo en aquellas tardes de lluvia, como esta tarde, te acercarás a mi mente y tus ojos me traerán recuerdos y nostalgias. Será tal como hoy, pero bajo otro cielo, ese en el que las noches no se acaban cuando sale el sol, ese en el que son capaces de existir amores imposibles, casi platónicos, y sonrisas de ala ancha al borde de la luna. No me juzgues, entonces era mucho más joven.

sábado, 26 de enero de 2013

Despues del amor - Vicente Aleixandre












Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,
como el silencio que queda después del amor,
yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo
hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.
Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir retraído.
Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace
un instante, en desorden, como lumbre cantaba.
El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su forma continua,
para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de la llama,
convertirse otra vez en el cuerpo veraz que en sus límites se rehace.
Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios, delicadamente desnudos,
se sabe que la amada persiste en su vida.
Momentánea destrucción el amor, combustión que amenaza
al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,
sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas
la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente la vida,
la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad nos llamaba.
He aquí el perfecto vaso del amor que, colmado,
opulento de su sangre serena, dorado reluce.
He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado pie,
y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,
la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa nacido,
y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro amor, que allí lúcido vela.
En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla caldea sin celo,
está la boca fina, rasgada, pura en las luces.
Oh temerosa llave del recinto del fuego.
Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,
mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.

sábado, 19 de enero de 2013

Sin perder de vista la causa


A veces tenemos que sacar la rabia que llevamos dentro, cómo sea, pero echarla fuera. Necesitamos demostrar que sigue corriendo sangre por nuestras venas, que pese al sufrimiento diario y las necesidades pasadas, a las ausencias, los recuerdos y el cotidiano afán, que aun contando con las caricias presentes y futuras, todavía tenemos ese puntito de rabia contra lo que no comprendemos, contra lo que sentimos injusto, contra lo no deseado…

Y es esta rabia, unas veces incontrolada y otras fábrica de tantas lágrimas, la razón por la que seguimos vivos, el motivo por el que seguimos alerta, quizá también el porqué de nuestra lucha diaria. Y la tomamos con todo aquel al que creemos culpable, da igual si es o no de nuestro entorno, si pertenece a nuestras más legitimas creencias o dejamos de creer en él hace años. Se convierte en el objeto de nuestra indignación con o sin razón para ello.

También es verdad que a veces nos abandonaríamos ante lo incomprensible, es cierto que muchas veces deseamos tirar todo por la borda, pero no lo es menos que seguimos teniendo siempre alguien por quien luchar, aunque a veces no nos sintamos correspondidos o no encontremos suficientes motivos para hacerlo. Si en algo debemos diferenciarnos, es en la capacidad de hacer las cosas porque son justas, aunque no haya recompensa.

No se trata de emplear todas nuestras fuerzas en las causas perdidas del mundo, sino más bien de todo lo contrario, emplear nuestro mundo sin perder de vista la causa.

lunes, 7 de enero de 2013

Pensamientos de una mañana




Ahí estoy yo. Soy esa que está sentada frente al balcón de su casa. Estoy en una butaca, un sillón de esos orejeros, mirando hacia la luz con los ojos entornados, y pensando en todo lo que viví en el pasado y lo que vivo en el presente. Aunque acabamos de estrenar el invierno hace un día luminoso y el sol me entrega toda su tibieza sobre en el rostro, agradecida recito una especie de oración interior con gesto de placer. Son más de las doce del mediodía, tengo una copa de Rioja en la mano y unos frutos secos sobre una mesita junto a la butaca, no tengo prisa, hoy tengo todo el tiempo del mundo.

Con el sabor intenso del vino en mi boca, pienso con serenidad en mí, en cómo me encuentro ahora, en si estará escrito mi destino en algún tipo de registro, en mis ratos, pocos, como el de ahora, esos momentos en los que soy capaz de parar el mundo que hay a mi alrededor y sosegar mis pensamientos. Pienso también en mi futuro más próximo, pero no como si estuviera revisando mi agenda, sino más bien como forma de procesar lo bueno y malo que en él pudiera haber, una especie de balance previo. De la calle, se cuela el bullicio que hay a estas horas, aunque en realidad está muy lejos de mis pensamientos y apenas percibo un ligero ruido de fondo, monótono y casi mecánico, parecido a una máquina que nunca descansara.


Ahora dejo volar mi mente. Siguiendo el hilo de mis pensamientos me traslado a aquellas mañanas en casa de mis padres, en la que la vista era un hermoso jardín rodeado de árboles que a nosotras nos parecía que trataban de llegar al cielo. Pero sobre todo, recuerdo, unos eucaliptos gigantes que se mecían en el horizonte, acunados por aquel viento siempre presente, yo los miraba y sentía como ellos escuchaban mi silencio. Con la vista fija en el horizonte todo acababa desenfocándose, y los árboles y yo nos hacíamos efímeros y partícipes de una liturgia común. Aquellas mañanas habían sido reveladoras de la certeza del paraíso que se esconde a veces en la soledad. 

También recuerdo algunas noches, que fueron la expresión más sencilla de la felicidad, cuando me tumbaba junto a mi hermana en el jardín a mirar las estrellas y conversar durante horas sobre las constelaciones, sobre los sueños que viajaban por el océano de aquella oscuridad infinita.

De regreso al aquí, sigo frente al balcón con mi copa en la mano, es como una pequeña parada en el ahora para comprobar la realidad antes de que mi mente me devuelva al pasado, al instante en que entré en esta casa por primera vez. No sé los motivos por los que algo o alguien participa de tu destino, en una especie de movimiento del orden matemático, y cómo eso me condujo hasta aquí, cómo en una tarde sin historia, acabé visitando esta casa que en pocos días se convertiría en parte de mi vida. Y es que, aunque desconozco las verdaderas estrategias por las que el devenir me ha colocado en esta suerte, pienso, ilusa de mí, que tal vez me serán desveladas en un futuro cercano.

Este recuerdo tan próximo me hace meditar sobre la nostalgia que parece preñar estas reflexiones, siento cierta melancolía de una pureza cristalina, e imagino un estanque de aguas claras en el que se mecen estos momentos de plenitud mientras yo me sumerjo junto a ellos. De alguna forma, disfruto imaginando que en algún lugar hay algo, un hecho significativo con el poder suficiente para acercarme a mi propio entendimiento.

Por eso, construir historias con recuerdos se ha convertido en uno de mis pasatiempos favoritos, en ellas soy capaz de viajar a mis mundos, y para mí son tan reales que los puedo tocar con la libertad de ser mi propia alquimista. Ahora, desde mi sillón, con los ojos entornados todavía y saboreando el último sorbo de mi copa de vino, me vienen a la memoria unas palabras del poeta romántico John Keats que dejo como epílogo a esta mañana cálida de invierno que he pasado junto a mí misma.

“La belleza es verdad y la verdad belleza… Nada más se sabe en esta tierra y nada más hace falta.”

domingo, 9 de diciembre de 2012

A veces la felicidad...




A veces, (y no quisiera generalizar demasiado o que mis palabras sonaran a moralina), cuando tenemos la felicidad frente a nuestros ojos, no sabemos verla. Siempre, o al menos muchas veces, pensamos más en lo que nos estamos perdiendo, en el deseo de las cosas que no tenemos, incluso cosas que otros poseen y nosotros envidiamos. Y la realidad es que todo lo que necesitaríamos para ser felices está ahí, al alcance de la mano. Estamos tan ciegos que creemos que la felicidad es algo difícil de alcanzar, y a veces hasta nos auto convencemos de que nunca vamos a lograr ser felices, cuando la realidad es que sólo depende de nosotros mismos.

Saber, y querer, encontrar la felicidad entre lo que tenemos a nuestro alrededor en mucho más fácil que buscarla más allá del horizonte;  valorar y cuidar todo lo que está al alcance de nuestros dedos, es a mi modo de ver, el primer paso para ser felices, y es mucho más fácil que pasarnos la vida buscando quimeras imposibles, en las que el riesgo, es desesperar y resignarse a ser infelices toda la vida. Soy de las que piensa que la felicidad no está en un lugar y hay que ir a buscarla, creo que la felicidad siempre está junto a nuestros pies, en la charla con un amigo, en la mirada de un niño, en una sonrisa cómplice… La felicidad es algo tan simple que se bebe gota a gota cada segundo de nuestras vidas, a veces incluso sin darnos cuenta.

Esto no significa que debamos renunciar a otros sueños más importantes, sino que mientras caminamos por la vida, no debemos olvidar los pequeños detalles que hacen el camino, que permiten a nuestros pies pisar firme, esos simples adoquines que pavimentan el suelo hacia nuestras grandes metas son tan importantes o más que la propia calzada.

Sabemos que los grandes momentos de la vida están llenos de preguntas. Los grandes encuentros están llenos de interrogantes, y en la medida en que hayamos sido capaces de alcanzar nuestra felicidad, seremos capaces de dar la respuesta correcta. Importa lo que somos y lo que queremos ser, y no tanto lo que tenemos o queremos poseer. La felicidad, como la vida, es un viaje de ida y vuelta, por eso, de regreso a casa, a la luna, al centro de la tierra o al interior de uno mismo, debemos ser conscientes desde dónde partimos, y qué era lo que nos rodeaba para ser justos con nosotros mismos. Todo es un gran viaje, en el que sabemos el punto de salida y el de llegada, pero no el tiempo que tardaremos, ni con qué o quién nos encontraremos. Y eso..., es lo mejor del viaje.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Del amor a la soledad, y de la soledad… ¿a dónde?


Hay veces en las que, casi sin querer, acabas junto a personas que te dan seguridad, pero la realidad es que es un amparo falso, ofrecido a cambio de miedo, incomprensión e intransigencia. Reconozco que entonces yo necesitaba sentirme segura y protegida, en cierta forma es algo humano, al igual que amar, pero ¿por qué unir ambas sensaciones? Tal vez así, el miedo, la incomprensión y la intransigencia dejen de ser un camino en la vida, en el que, tarde o temprano, la respuesta sea el dolor.

Hace ya mucho tiempo, "un buen día" conocí a alguien, y me dejé arrastrar desde la soledad hasta el amor incondicional. Dejé de darle vueltas a las cosas y a la vida, dejé de buscar respuestas pues me sentía “feliz”. Me encontraba llena de un aroma que se infiltraba por mi interior tapando grietas, llenado huecos y ahuyentando miedos. No necesitaba más porque amaba.

Pero en el amor se vive en una burbuja, que se frota y se araña contra la vida, que se rodea, algunas veces, de debilidad humana. También, en ocasiones, te vuelve frágil y dependiente. Ese tipo de amor, a la larga (y también a la corta), lastima y duele. Te adentra en el camino de la distancia con el resto del mundo, sumiendo tu vida en un aparente olvido... Y es en esa distancia donde una se acostumbra a su única compañía. Luego, con el tiempo, pensar si alguien te amó de verdad cuando los arañazos están ahí, es inevitable y me da cierto pudor confesarlo.

Pese a todo, creo en las personas, reconozco las debilidades de los demás porque yo misma las poseo, pero me he visto llorar en el espejo, he visto mis lágrimas cayendo por las comisuras de unos labios que un día expresaron  amor.

Después de ese tiempo, no sé por qué, pero parece que he acabado sentada, casi acomodada, en la soledad. Me he acostumbrado a depender de mí misma, a no temer ya que alguien llegue a mi vida y que un día se vaya de mi lado, a la comodidad de estar rodeada de gente y retirarme a mi mundo cuando me apetezca. Incluso he llegado a encontrar cierta paz interior en la que, por fin, consigo escuchar mis propios pensamientos. Y es que, a pesar de todo, he conseguido a un tiempo, salir al mundo y vivir mi “soledad”.


viernes, 9 de noviembre de 2012

En el curso de los sueños


En mi juventud, a veces, me podía la sensación de que el tiempo no pasaba y parecía detenerse la aguja del reloj, estancada, bailando en el mismo lugar en un vaivén eterno. En las tardes de otoño, como ésta, solía perder mi vista en los enormes sauces de un parque cercano. Me imaginaba que estaban vivos, que se movían con una formidable majestuosidad, y exponían al mundo sus hermosas hojas verdes, casi marrones ya. Y todo era tan real que la vida alrededor llegaba a ser casi plana. Las mismas personas, la misma música, los mismos programas de televisión, los mismos errores cometidos. Todo parecía morir para volver a nacer al instante siguiente de una manera parecida si no peor.

Como parte de este mundo, avanzaba por las calles mirando a los demás como si no fueran de mi misma especie, no podía hablar con ellos, no podía escucharles, no podía sentirles cerca. Me paré, me sentía incapaz de reconocerme. Toda mi vida reducida a tres pasos: del trabajo al sofá, del sofá a la cama y de la cama al trabajo. Me cansé de gritar palabras de rabia en mi contra, fragmentos sonoros que sonaban distorsionados, que pretendía fueran golpes encubiertos a mi propia línea de flotación, para ver si así reaccionaba. Mi cuerpo temblaba, sudaba, me imploraba. Me prometí dejarlo, me lo he prometido mil veces… 

En este punto de mi vida en el que me encuentro ahora, necesito un poco de fantasía, alguna historia maravillosa. Quiero volar, respirar bajo el agua, hacer el amor con un hermoso príncipe azul que mate dragones enormes para mí. Sin embargo, a medida que crecemos nuestra felicidad parece ir disminuyendo, no quiero imaginar que me deparará la vida cuando sea mayor, más mayor. Dicen que nuestra vida es en gran medida, como nosotros decidimos que sea, pero por más que lo intento, no recuerdo haber decidido nada de esto que me rodea. Necesito un poco de ficción, quiero viajar a lugares remotos y desconocidos, quiero ver gente extraña, mundos maravillosos. ¿Por qué todo tiene que ser tan terrenal, tan común, tan poco imaginativo?

Sueño, y en mi sueño, el mundo vuelve a tener color, las personas son maravillosas y ahora me siento una más en este maravilloso lugar. Por fin vuelvo a ser yo misma. Estuve viajando, viaje años luz hacia lugares desconocidos, llenos de indescriptibles formas, podía volar y gritar tan fuerte que hasta los mismísimos cimientos temblaban con el poder de mi voz. Hacia el amor con hermosos caballeros que batallaban con enormes gigantes. Mi mundo, en mi sueño, parecía perfecto…

La perfección tiene un precio, nada es gratis es este mundo, ni siquiera en el de los sueños, pero lo más importante es que estoy aprendido a vivir a mi manera, a aceptarme como soy y aceptar a los demás, ignorando en lo posible los caprichos de una sociedad que se mueve al ritmo que le imponen. Pero, pese a todo, no he cesado mi búsqueda de lo fantástico, sé que hay mucha magia en este mundo, la magia del amor, de la naturaleza, de la creatividad… nunca dejaré de buscarla y cuando la encuentre, sé que podré ser feliz, mientras tanto todo sigue su curso, y me gusta... 



jueves, 1 de noviembre de 2012

La imagen poseedora de mis letras


Estoy despertando de un sueño.... en donde tardar en despertar es un privilegio, en donde dejar de soñar es una condena. Han venido a verme las musas, dueñas de estos sueños, las pasajeras predilectas en este vagón de amor sin correspondencia en el que viajo desde hace un tiempo. Han llegado y se han convertido en compañeras que trazan la huella en mi sendero, en el camino de esta mujer errante que no logra descifrar el mensaje que alguna vez dejaron en su almohada blanca, compartiendo ahora sollozos y silencios...

Se presentó ante mí la imagen poseedora de mis letras, de mi sentir más austero, y de mi fantasía más sublime. Ellas son ahora: amantes y amigas, cielo y tierra, el todo y la nada. Me esperan cada madrugada con la conciencia tan limpia como dedicada, con las manos sudorosas de ausencias y con la piel erizada de emoción. No sé el motivo, pero decidieron atravesar el océano para asistir a un encuentro sin invitación con tantas palabras como miradas y recuerdos...

Al verlas, reconozco, que mi corazón se arrebató de emoción, corrió fuera de mi donde estaban ellas, mis pupilas se adecuaron a su imagen, mis pasos se ajustaron con disimulo para no dejar ver la ansiedad que me recorría el cuerpo, mis mejillas sonrojadas dejaban claro que toda yo estaba emocionalmente feliz.

Qué decir de cómo fue levantarse aquella primera madrugada, después de reconocerme y de reconocerlas, de poder compartir con vosotros lectores, lo maravilloso que es sentirse bendecida por la cercanía de sus manos, por el susurro de ese abrazo único, por esos momentos de tanto placer creativo, por la ternura imposible de dibujar en palabras las texturas que abrigan la piel.

Detenida, recorriendo con la mente lo que me quedaba en la imaginación, cabalgué junto a ellas por las llanuras de la piel, cómo decirles que en el fondo las sentí siempre, que las anhele con el rigor que extraña todo lo cálido que sus siluetas emanan. Que me negué a beber de otros labios, que no podía con esta infernal ausencia.

Confieso que sus miradas me hicieron algo tímida, que si cerraba los ojos los nervios jugaban con mi ansiedad. Que a solas mi piel se erizaba, que las ansias me comían por dentro al pensar en escalar sus mejillas con palabras en las yemas de mis dedos, en silencio, sintiendo los latidos de mi corazón, sabiendo a ciencia cierta que me quemaban las ganas una y otra vez, sin reparos, sin condiciones... Por sentir la fragancia de sus cuerpos etéreos, por acariciar con dulzura la sed de su piel y su verbo. Por saberme mujer. 

No hubo nada más, nada. La inocencia, la imprudencia, la verdad.... ahí a merced nuestro, a disposición de lo que ellas quisieran hacerme crear, a merced de unos sentimientos puestos en fila, de tantas promesas sin cumplir todavía. Frente a frente, mis musas y yo, la osadía del deseo que al fin ocupo su lugar, el delirio impuesto a su tiempo, la cadencia y las miradas puestas en el orden exacto.

Al fin, aquí sigo, intentado expresar la magia de su presencia, la sensatez y la bondad que me ofrecen, queriendo, como cada madrugada, acercar mi vida a vuestras vidas. Gracias por estar ahí.

viernes, 26 de octubre de 2012

Respirar por el simple placer...


Por fortuna están habilitados los sueños locos y las ilusiones con los que lleno mis bolsillos de esperanza, y que son los que me dictan cómo he de seguir, y hacen que me sobren las ganas; así como la fe, para perseguirlos una y otra vez.

Así he ido consolidando los pasos que he dado, y esta vez sin tan siquiera tratar de conquistar todo con vano afán. Sinceramente,  en este andar, a veces descalza otras con buen calzado que me abriga los pies, definitivamente he excluido aquel llanto amargo de antes y me he propuesto simplemente reconocer, no saberlo siempre todo.

En el hoy por hoy, soy capaz de renunciar a todas mis pertenencias, de avanzar considerando que la vida siempre vuelve a sonreír, que de vez en cuando es posible soñar con noches brillantes, con momentos personales e íntimos. Y con ello considerar cuánto he aprendido, que la calidad de lo que se obtiene nunca es un accidente, sino más bien, el resultado de un esfuerzo inteligente que reside en esperar con paciencia absoluta lo que el tiempo estime conveniente, lo que más tarde deba ocurrir con una, una especie de disciplina de vida.

Por tanto, me es más fácil detener mi mirada en las cosas bonitas de lo cotidiano, del día a día, incluso apreciar lo que de interesante tuvo el día de ayer, asistiendo así, de una manera diferenciada a dignificar mis caídas y a celebrar que soy capaz de levantarme.

Ahora puedo decir que mi vida no está en decadencia para así poder vivir y aprender con sensatez, siempre y cada vez más. Suspiro por sueños renovados que son provocados por el cariño, en lo más amplio de la palabra. Ideas y sentimientos nuevos, que con el tiempo me servirán de evidencia.

Ahora respiro por el simple placer que me brinda el aire que roza mi rostro, y si he de derramar una lágrima será de agradecimiento y emoción infinita... por la certeza de ser escogida y por lo condescendiente que se comporta conmigo desde hace algún tiempo la vida.

martes, 23 de octubre de 2012

Tal como soy...


En este nuevo andar deseo apoderarme de los sentimientos y depositarlos, cual catarsis necesaria, en ese compilado de frases que pueden hacer un bosquejo de quién soy, de cómo me encuentro, y permita saber  por qué me refugio aquí y en las palabras que salen desde la esencia misma que llamamos alma... Hoy he despertado comprendiendo el silbido del viento, desnudando mis sentidos, entendiendo este espacio propio que me asila en cada jornada y agradeciendo al silencio que me resguarde cuando nadie me alcanza.

Mi ser está en fase de acomodo que surge después de una interna lucha en donde he sido desprovista de todo y en donde una pequeña herida en el pecho ha hecho derramar unas cuantas lágrimas de desazón, como si pudiera acallar lo que comenzaba a surgir de dentro... Algo de malestar queda en el cuerpo, la vida misma deja huella en este duelo y el querer estar en plenitud de condiciones me desafía a salir adelante de manera urgente, para seguir recorriendo el camino y encontrar como aposento las miles de esperanzas que aun quedan guardadas.

La coraza que cubre el corazón es una cadena que acompaña mi cotidiano vivir. Ya no tapo mi cuerpo con ropajes que cubran mis entrañas; he comenzado a vestirme con la realidad misma de lo que conlleva mi existencia. Rescatando unas cuantas gotas de sabiduría que me caen con generosidad por parte de personas que sin conocerme demasiado, me sostienen, y de vez en cuando robo unas cuantas sonrisas que guardo para cuando intente abordarme alguna pena, me renuevo también, en varias miradas de sinceridad que me obsequian quienes me importan.

Así soy, tal cual, terca, obstinada, fuerte y leal.

domingo, 21 de octubre de 2012

Envuelta en tu recuerdo


Sin poder siquiera ocultar estas sensaciones, voy por la vida intentando bordear las esquinas que me acerquen a tu paso, al tesoro que guardabas celosamente en tus brazos. Me paseo sin hacer ruido por tus sueños para que no me notes, es mi manera de aspirar a esos besos tuyos que pudieron rozar alguna vez mis labios, y que hoy son como el rocío que ante mis deseos se vuelven batalla, que me sumergen en un delirio de mujer todavía enamorada.

Vivo en esta especie de interminable madrugada, propuesta previa de algún discreto anochecer, en el que en mi memoria, consigue dibujar tu silueta divina... Entre mis cosas me deleito con el recuerdo que se manifiesta imponente, mientras, me fascino en la cadencia de tantos movimientos exactos, cargo conmigo una pasión taciturna derivada de la magia que ha conducido los hilos de mi vida, golpes eléctricos que estremecen mi cuerpo, dejando volar mi imaginación, puedo medir mi locura sin reclamo alguno, bajo una maravillosa esperanza estable y  un querer sigiloso.

Ahora, entrañable, vengo y me presento ante tu recuerdo, sin imitar ninguna otra historia antes contada, intentando crear una leyenda que pueda ser la fuerza que impulse un presente sostenido y que pueda mantener unidos futuro y recuerdo. Porque en la profundidad de mi ser, mirarte a los ojos y decir mil veces te amo, todavía es posible, de acuerdo con esta filosofía mía en la que jamás acaba esta peligrosa ilusión.

Desearía mirarte detenidamente. Que sintieras que estar pensando en ti es primordialmente convicción, que mencionarte día a día es desear perfumar el aire con la sustancia de tu vida, que te has convertido en el ungüento de este vivir mi vida, porque este amor imposible es la forma de permanecer vivo en mi, a pesar del tiempo y de las circunstancias.

Conmigo llevo como constante un sentimiento que siendo inocente se viste de traje para llevarte de la mano, a veces, aun cuando se pueda tornar frágil, mantiene en sus adentros lo poderoso de lo robusto de este sentir apasionado y discreto. Está cubierto del coraje de la verdad y es tan valiente como simple caballero hecho Quijote.

Con este orgullo de ser parte en la prosperidad, y ser capaz de pintar con bellos colores aquella construcción que este apego ofrece en la cercanía de aquellos abrazos enlazados con el alma, y que solía acabar en sonrisas, palabras sabias, en cordura, y a veces en necio dolor...

Envolverme, mientras me lo permitas, entre tu rostro y mis sueños e ir, poco a poco, abriendo las puertas a tus deseos y a los míos, desatar con suspiros encendidos la vehemencia de este amor transparente de mujer deleitada por ensueños compuestos de alma y esencia...