"Amor mío, amor mío.

Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo".

Vicente Aleixandre.

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lunes, 25 de abril de 2022

La teoría sueca del amor




Esta tesis plantea que el desarrollo del estado de bienestar, que, según todos los estudios, llega a sus cotas más altas en los países escandinavos, genera enormes niveles de soledad, sobre todo, en las personas de edad más avanzada, hasta el punto de que una gran parte de ellas, llegan al final de su vida totalmente solas.

El Estado consigue que, con residencias para la tercera edad, en las que es muy sencillo ingresar, ayudas y todo tipo de servicios sociales gratuitos, la presencia de la familia sea prácticamente innecesaria para subsistir. Y esta es la palabra clave, “subsistir”. Con esto se provoca que poco a poco se vayan perdiendo los lazos y relaciones sociales y familiares, y como consecuencia, lo que a priori debería ser algo positivo, origina un grave problema de aislamiento, mayor en tanto mayor es también la persona.  

Dicho esto, no deberíamos caer en la tentación de pensar que llegar al nivel de bienestar de los países del norte de Europa no es tan deseable como pensábamos, muy al contrario, es a lo que deberíamos aspirar, pues sabemos que en realidad en todas o casi todas las culturas occidentales, o como se dice ahora, en todos los países de nuestro entorno, existe en mayor o menor medida problemas de soledad, sobre todo en las personas mayores.

Tal es así, que se da el caso de que países con distintos niveles de desarrollo social, tienen los mismos problemas. En Gran Bretaña, se creó el Ministerio de la Soledad para atender a los más de nueve millones de ciudadanos con este problema, y en los Estados Unidos, en los que, además, la mayoría de los servicios sociales y sanitarios, están en manos privadas, los expertos están avisando de los enormes costes que la soledad va a originar a la salud nacional: diabetes, suicidios, uso de antidepresivos, deterioro mental…

Lo más probable es que la soledad sea más consecuencia de la nueva dinámica social y familiar, de las obligaciones laborales, de la búsqueda de trabajo lejos del lugar de origen. Y que todo esto haga que, en esta sociedad, cada vez más tecnológica y urbanita, establecer una relación más estrecha entre sus miembros sea mucho más complicado que en las sociedades principalmente rurales de la primera mitad del siglo pasado.

Sé que elaborar una teoría en la que todo esto se conjugue y se lleve a buen fin, es muy fácil sobre el papel. Sé, por supuesto, que nadie, al menos una parte mayoritaria de la sociedad no pretende, ni ahora ni en un futuro, abandonar a su suerte a las personas mayores de su entorno familiar. En consecuencia, debemos luchar por conseguir el más alto grado de bienestar social sin abandonar lo bueno que tenía el tipo de sociedad de la que venimos.

Como la mayoría de los problemas complejos, 

la soledad en nuestra sociedad es la suma de las soledades individuales

lunes, 18 de abril de 2022

Sanar el alma


A veces, simplemente la herida no cura 

porque necesita sanar en otro lugar.


Esta frase me la dijo un gran amigo no hace mucho. Irse o quedarse no es sólo elegir una opción u otra, es en realidad, una metáfora que simboliza la lucha por vivir o no, la vida que deseas.

 

Y no se trata sólo de olvidar traumas, alejarte de algunas personas o de querer dejar atrás el tedio que te está consumiendo. A veces, se trata simplemente, de poder ser tal como eres, en versión original. Muchas veces nacemos en un lugar, pero en realidad, no hay nada que nos una a él. Es cierto que podemos llevar con nosotros parte de su identidad, de sus recuerdos, de sus peculiaridades; pero tan sólo son detalles que no acaban de formarnos como personas.


De qué sirve pasar años luchando por encajar en un lugar, años de someter nuestras ganas y deseos a un sitio donde las raíces dejaron de tener nutrientes hace tiempo. En realidad, no dejamos de dar fruto porque hayamos perdido la capacidad de hacerlo, sino porque ya no se dan las condiciones necesarias. Si necesitamos un cambio, o varios, no somos árboles, así que, llegado el momento, simplemente podemos sanar en otro lugar. Y es que sanar en otro sitio, tanto si se trata de un lugar físico, como si se trata de una relación, no es huir, es luchar por quedarte contigo.


Cierto es, que el proceso de adaptación requerirá energía, compromiso, incluso inversión emocional, pero medida que nos acoplemos a las nuevas geografías, físicas y emocionales, y si las condiciones son satisfactorias, es muy probable que desarrollemos alguna forma de apego a ellas.

El lugar donde vives importa, todos los lugares donde has vivido o vivirás importan, sacan de ti algo nuevo y distinto. Cada nuevo sitio viene con su carga emocional, con sus rituales de adaptación. Momentos de alegría y también de una cierta confusión hasta que ese nuevo lugar, físico o no, lo vas asimilando como tuyo, como parte de tu vida.

 

En sueños, todo puede ser... (Pequeño relato)




Esta noche me imaginé entre tus brazos y un fuego interno me invadió hasta traspasar las fronteras de la realidad. Esos cálidos y suaves abrazos, que en el poco tiempo que duran, parecen eternos. Trato de buscar una explicación, un sentido, a este sentimiento extraño que me ahoga por instantes; que me dibuja una sonrisa pícara durante unos segundos.

No podía esconderme de tu mirada. Soñaba que buscabas la luna para que te envolviera con su luz. Y junto a la ventana, un suspiro me se escapaba en el silencio, mientras el rojo de esa misteriosa luna, se alzaba en el cielo. En mis noches, sueño con alcanzarte, abrazarte, besarte...

A primera hora, ya despierta, me acerco a la ventana, y busco en cada rayo de sol tu presencia, mi piel se eriza y siento como mi rostro se sonroja. Siento un calor que me invade sin dejar de pronunciar tu nombre en mis adentros, pensando, ya ves, que si por casualidad, en ese instante, estás mirando por tu ventana, compartimos parte de un rayo de luz.

Esta noche, seguro, volveré a observar la noche a través de esta ventana mágica que son mis sueños, ese paisaje entre realidad y fantasía; y sentiré tu mano acariciándome la espalda, besándome suavemente el cuello hasta llegar a mis labios, y que frente a frente cruzaremos las miradas hasta quedar dormidos...

En sueños, todo puede ser...



sábado, 16 de abril de 2022

Pinceles en la mirada


Pequeño y revoltoso como ese viento que oigo pasar junto a mi ventana, así es este sentimiento. Escribo para no darle ocasión al olvido, a la indiferencia, a esos fotogramas emparejados en la percepción de mi memoria. La cortina pasada de moda que me roza la espalda, me sorprende mientras dejo que el pálido sol termine de pasar según su camino. Y es que nada es perfecto, creo que la vida es una pintura abstracta, mientras pienso en los cuadros hermosos de una amiga que tenía pinceles en la mirada. 

Hay momentos en los que las cosas pasan inadvertidas, cosas que una percibe como triviales, y que, al cabo, pueden resultar decisivas. Echas de menos a quienes no están (o casi) y que causan tus melancolías. Personas que deberías arropar en lo más hondo de tu abrigo, incondicionalmente.

Hay días en los que te despiertas con toneladas de hormigón armado sobre el pecho porque justo unos segundos antes de abrir los ojos has visto, has sentido, cómo ella se desvanecía en lo oscuro. Otros días saltas de la cama como si durante la noche alguien hubiera borrado la carga que te anclaba a los abismos más insalvables y negros. También hay días inertes y noches en calma, claro.

Cada día asumo con más tranquilidad que la vida es una sucesión de cambios y que depende de una misma entenderlos como finales o cambios de estado. Muchos de los cambios que nos sacuden, diría que la mayoría de ellos, escapan a nuestro control; o al menos han escapado al mío hasta la fecha, así que cada día estoy más segura de que lo que nos define es la forma en la que nos enfrentamos a ellos.

Son tiempos de cambio, como personas y como sociedad, 

y debemos ser consecuentes con eso.








viernes, 15 de abril de 2022

Recomenzar



Hoy tras semanas de pensarlo y repensarlo, he (hemos) decidido continuar con el trabajo que hace unos años comenzó Soledad, y que por diversos motivos, tuvo que abandonar muy a su pesar.

En estos casi diez años mucho ha cambiado todo, quizá demasiado. Hemos pasado por crisis, supuestas recuperaciones de las mismas, amenazas de diferentes tipos, guerras..., y por supuesto una pandemia de la que a duras penas vamos saliendo y que, desde luego, nos dejará secuelas como sociedad.

Como he dicho, trataré de seguir, en la medida de mis posibilidades, el camino que marcó ella, siempre con mis particularidades y mis cualidades. Contaré de vez en cuando con la colaboración de Veronika que aportará otra visión de la realidad, al menos esa es la idea, más fresca y joven. 

Bueno, esta es mi (nuestra) intención, esperamos recuperar poco a poco vuestra atención.

Soy Galatea y os doy las gracias de antemano.

domingo, 25 de agosto de 2013

La nube negra


Casi 30 millones de europeos sufren depresión en algún momento de su vida. La Organización Mundial de la Salud ha catalogado a este “trastorno del afecto” como la segunda causa de incapacidad en el mundo, y calculan que para 2030 podría llegar a ser la primera. En España, los casos de depresión, han aumentado un 19% desde que comenzó la crisis, la ansiedad un 8,5% y los problemas relacionados con el abuso del alcohol casi un 5%.

Cuando sólo queremos estar tirados en el sofá, dormir y no hacer nada, podemos decir que estamos, al menos, iniciando el camino hacia una depresión, sí, pero no sólo, en ocasiones, su inicio aparece enmascarado en síntomas tan comunes como:  frecuentes dolores de cabeza, dificultades para conciliar el sueño o para mantenerlo, continua irritabilidad, algún malestar difuso que no se corresponden con síntomas físicos, comer mucho o sentir una falta total de apetito, una excesiva preocupación por la salud física o convencerse del padecimiento de numerosas enfermedades, y algunos otros.

Estos síntomas pueden estar causados por la depresión que se está manifestando de una manera encubierta. Conocer sus causas y saber distinguir su sintomatología permite pedir ayuda a tiempo y poder organizar un tratamiento eficaz para lograr la cura en un breve lapso de tiempo. Llegados a este punto, considero necesario insistir en que la depresión se cura, en general, en un breve tiempo con una atención especializada. Por el contrario, sin tratamiento los síntomas pueden durar meses, años y aún agravarse seriamente y llevar incluso a tentativas de suicidio.

Todos hemos escuchado alguna vez: "estoy deprimido" o "tengo la depre", son frases que se pronuncian al azar con demasiada frecuencia para hacer alusión a una sensación de tristeza o desilusión. Pero lejos de ser un simple bajón en el estado de ánimo, la depresión es una alteración de las emociones en la que confluyen muchos síntomas que deterioran notablemente nuestra calidad de vida. La depresión es más, mucho más, los expertos dicen que abarca más de veinte síntomas y que pueden presentarse de forma leve, moderada o severa.

Se dice que es más común en las mujeres, pero ¿es cierto? y ¿por qué? Sobre esto, está confirmado que en la adolescencia y antes de los 65 años sí tiene mayor prevalencia en las mujeres, sin que se conozca la causa exacta, aunque también esto puede ser simplemente porque somos nosotras las que más lo consultamos, de hecho, los hombres registran mayores índices de suicidio, (lo que suele corresponder con personas con depresiones no controladas, que nunca pasaron por una consulta para informarse).

Hoy en día se considera una enfermedad tan importante, porque puede llegar a alterar el funcionamiento del corazón, el páncreas y la tiroides. Por eso la familia, y añado yo, el entorno (amigos, compañeros…), es un modelo de apoyo que debe velar porque el paciente coma y duerma bien, incluso muchas veces debe asumir incluso el papel de psicoterapeuta para concienciar al paciente de que la manera en que está viviendo no es la más adecuada, o señalándole, por ejemplo, que está progresando.

Soy consciente de que hablar, o escribir aquí, resulta sencillo, qué no tiene nada que ver con la lucha diaria que hay que llevar a cabo para abandonar “la nube negra” que es la depresión, pero aún difícil, es posible. Much@s lo hacemos cada día. Yo misma lucho a brazo partido cada mañana de cada día para salir del pozo, por eso sé bien de qué te hablo amig@… Por eso, ante la depresión ¡actúa! Aprende a expresar la ira hacia el exterior, no la retengas; busca, y sobre todo encuentra, espacios personales para tu autosatisfacción; deja de acusar a los acontecimientos externos y toma consciencia de lo que te sucede; trata de aceptar y experimentar aquello que la vida te pone delante y lucha, siempre lucha, recuerda que todo tiene un final, incluso esto; y reconcíliate con tu cuerpo y tu alma para empezar a vivir de nuevo.

lunes, 10 de junio de 2013

El suelo que piso



El día empieza como todos, al menos yo no lo siento distinto. Estoy como en otra parte, como fuera de este mundo... en mi realidad, esa que mi mente inventa para ti cada madrugada. Estoy parada al final de algún camino, y aunque no quiero, siempre empiezo atada a tu recuerdo. ¿Por qué será que el desamor duele tanto? Quiero escaparme, corro, corro... en realidad trato de correr, pero no, no avanzo, permanezco, como anclada, en el mismo sito. Soy incapaz de moverme ni un centímetro.

La gente pasa a mi lado, no veo sus rostros, solo escucho ese murmullo casi desordenado retumbando en mis oídos. Un sabor amargo en la boca me hace desear un beso, tu beso, mi mente me pide resistencia porque sabe que eres mi principio del fin, mi anestesia total, así que Intento pensar en otra cosa, desear otra cosa, pero todo me lleva, sin remedio,  de nuevo, al punto de partida. Cómo decirte que estoy atrapada en mi propio laberinto, que después de tanto tiempo, todavía no encuentro la salida, o peor, decirte que la salida sigues siendo tú.

Repaso de nuevo secuencia a secuencia mi vida, y sigo sin ver otra solución. Y es que siento como el suelo que piso se desmorona con cada paso, que vivo con el miedo pisándome los talones, y que el vacío me atrapa lentamente, ferozmente, inevitablemente... Todo se vuelve oscuro. Y grito, o lo intento, porque inexplicablemente no sale sonido alguno de mi garganta. Ya no sé si estoy soñando, si realmente eres parte de esta pesadilla diaria, o si toda yo soy parte de tu sueño.

Desearía volver a dormir como cuando era niña y evitar así tu imagen, no tener ésta pesadilla horrible cada noche. Ni la angustia brotando de esta manera por mis poros, partiéndome en dos el pecho. Si amar implica esta agonía, tal vez hubiera sido mejor no amarte, no desearte desde el primer día... Me odio a mi misma, y te odio a ti por ser mi otra mitad inacabada. Dos segundos después me arrepiento.

Al final, lloro (tantas veces que ya perdí la cuenta) hasta que estoy seca por dentro, el dolor aún se hace más grande. Y quema. Y duele y asfixia… Y casi mata... Pero no, no muero. Sigo viva en éste duelo lento y profundo. Me envuelvo en la sábana y pido que hoy también sea sólo un sueño, un mal sueño que el ruido estridente del despertador cierre como cierro el libro donde guardé tu último beso cada noche antes de dormirme...

miércoles, 24 de abril de 2013

La imagen de nuestras palabras.



Estoy pensando que no hay tanta diferencia entre hablar y mirar. Decimos que vale más una imagen que mil palabras, rebuscamos en nuestra cabeza para encontrar esa frase original, elegante, perfecta que describa el momento que estamos viviendo, lo que sentimos junto a alguien especial, o un paisaje que sólo nosotros hemos podido contemplar. Y siempre, aún sin pretenderlo, pensamos como si de una fotografía se tratara. Descubrimos, casi sin querer, que las imágenes son otra forma de poesía, que sustituyen en nuestro cerebro a lo que no sabemos, no podemos o no queremos expresar, que no hay tanta diferencia entre un instante perpetuo y unas palabras más o menos ordenadas, porque ambas cosas pueden llegar a transmitir lo mismo.

Me gustan los abrazos, esos que sin querer me hacen cerrar los ojos al tiempo que me roban una sonrisa que no sabía que tenía entre los labios. Haced una pequeña prueba, pensad en ese abrazo, ese que tanto nos gusta, ese abrazo cargado de cariño y de ternura, ahora tratad de describirlo con palabras… A que no desaparece la imagen de sus brazos rodeándoos el cuello. Sin duda la imaginación nos permite dar rienda suelta al deseo, y así, sentir profundamente lo que evoca una imagen, hasta ser capaces de expresarlo con palabras. Y es este poder el que hace que nos demos cuenta de que nadie puede dañar nuestros sueños, que en ellos siempre habrá caminos que se entrecrucen con la realidad para hacerla más llevadera.

Así pues, un poema, se convierte en una forma de mirar, de capturar un instante, un breve estado de éxtasis, donde nuestra óptica personal dialoga con ese preciso momento, ese en el que la mente se sirve de lo que hemos visto antes para crear un trazo continuo, a partir de una perspectiva basada en la memoria, en la historia, en los sentimientos o en la captura accidental de un segundo, que no es sino el producto más esencial del espíritu del ser humano. Y no hace falta analizarlo mucho más, simplemente dejarse llevar, y que la explosión de las palabras se refleje en una respuesta a tanta belleza derramada, a ese abrazo, a ese instante frente a un paisaje o junto a alguien especial…

La estrecha relación entre escribir un poema y sacar una fotografía hace que cada lector establezca inconscientemente una especie de revelado natural de cada verso. Cuando se escribe un poema, al igual que cuando se toma una fotografía, existe una especie de paralelismo entre lo que buscamos y lo fortuito, lo que queremos expresar y lo que el lector o el espectador acaba entendiendo. El poema que declara y alude, la imagen que desnuda y detalla. Nada de esto es realmente tangible, es más como un visillo que deja entrever una ventana a nuestro interior, a un nuevo día. Tomar una fotografía o escribir un verso convierte un instante en algo perpetuo, en algo nuestro.


sábado, 6 de abril de 2013

Transparentes...



Llevo días escuchando a todo el mundo hablar sobre la “ transparencia”, como soy de las que les gusta llevar las cosas a la altura de lo que pisan sus zapatos, lejos de las nubes en las que se empeñan en andar otros, me pregunto por qué nos resulta tan difícil ser transparentes a los seres humanos. Tenemos la falsa  convicción de que ser transparente es simplemente ser mínimamente sinceros, como mucho, no engañar demasiado a los demás. Pero si lo pensáramos  más de tres segundos nos daríamos cuenta de que ser transparente es mucho más que eso, y de que ahí empieza lo verdaderamente complicado del asunto.

Si nos pusiéramos a añadir actitudes y valores, descubriríamos que ser transparente es, entre otras mil cosas,  tener el valor de exponerse a la crítica y al juicio de los demás, significa ser y mostrarse  frágil, sencillo y sensitivo cuando la situación lo requiere, ser capaz de gritar y de decir lo que sentimos, sin falsos disimulos y pese a quien pese. Ser transparente es, sin duda, desnudar nuestro ser, entregar el alma a una causa justa. Ser transparente es, al final,  dejar que caigan las caretas y las máscaras para mostrarnos “a pelo”, tal cual somos, sin armas que nos defiendan ni pesados muros que oculten la realidad, tu realidad, la de todos. Es, ante todo, permitir que florezca en nosotros y en todo lo que tenemos alrededor la sinceridad y la cordura.

Pero ser transparente es arriesgado, y por desgracia, casi siempre, preferimos ocultar todo lo que suene mínimamente a fragilidad, a emociones, a sentimientos, a verdad… Así tratamos de evitar la sobre-exposición a las miradas impertinentes de los demás, a las de aquellos que pretenden adentrarse en nuestra (protegida) realidad, en nuestro ser más verdadero. Preferimos, sin duda, tapar los sentimientos a reconocer que tenemos miedo, y así, acabamos ahogándonos cada vez más en falsas palabras, actitudes inquietantes, o vidas vacías.

Con el pasar de los años, sufrimos, nos sentimos solos, inmensamente tristes, y lloramos (o deberíamos hacerlo) muchas noches en la soledad de nuestro cuarto, antes de dormir. Porque, aprendimos desde niños, que es mejor atacar, acusar, criticar… Porque aprendimos que ser transparente es ser débil, es ser tonto, es ser menos que el otro.

Sugiero pues, que tratemos de no atraer el lamento, de no contener la risa, de no esconder tanto nuestros miedos, y de no querer parecer tan invencibles…, cuando no lo somos. Que aprendamos a no controlar tanto, a no competir por todo, a ser un poquito más felices aunque sea expuestos a la opinión y al juicio de los demás… Será duro, estoy segura, pero con el tiempo seremos más felices y sobre todo mejores personas.

martes, 19 de marzo de 2013

Pequeña entrada del “Día del Padre”


He de reconocer que todavía, a pesar del tiempo que ha pasado, que sigue pasando, se me hace muy difícil hablar de él. No es que no me acuerde, que no le añore, que no piense en él, al contrario, más de una vez me reconozco hablando en mi interior como si le tuviera a mi lado, o pensando en si lo que hago, como vivo, qué decisiones tomo, le gustarán, si sentirá orgullo de lo que ve o por el contrario le afectarán los fracasos que a veces yo siento.

No soy de lágrima fácil, y creo que lo demostré aquella tarde frente a su cuerpo inerte. Todavía no he sido capaz de echar una lágrima, y no por no sentir lo que pasó, o por no echarle en falta. Siempre me dijeron que lo guardaba todo dentro, y creo que tienen razón. Hasta escribir estas cuatro líneas me está costando más de lo que debería. ¡¡¡ Esta maldita coraza interior…!!! No soy fuerte, tampoco insensible, solo una persona extraña en cuestión de demostrar los afectos, y así me va…

Estoy dejando llevar mi mente sin ponerle muchas trabas en cuanto a lo “literario”, pues siento que si me entretengo en pensar cómo decirlo, más bien cómo escribirlo, mi mente se parará en seco y no saldrá una gota más de este dolor que llevo dentro. No sé siquiera si hago bien en exponer todo esto aquí, al alcance de todos, ni si servirá de algo, pero como este blog fue concebido como terapia, aquí queda.

¡¡¡Papá te echo de menos!!!

viernes, 1 de marzo de 2013

"Acta, non verba"



“Hechos, no palabras” Pienso que es una filosofía adecuada para relacionarnos los unos con los otros en este mundo traidor, ¿no? Tipos de relaciones hay muchos: de amistad, laborales, afectivas, familiares…, y en líneas generales, creo que en todas ellas hay que seguir unas determinadas pautas, ¿eso qué quiere decir?, pues principalmente, conseguir  que tu cabeza no esté dando vueltas y vueltas recordándote cómo deberías haber actuado o qué tendrías que haber hecho, pero ante todo, ser capaz de que tu conciencia esté tranquila al finalizar el día.

Como es lógico, a veces lo conseguimos y a veces no; muchas, simplemente somos demasiado obstinados y creemos que nuestra postura es la más adecuada, y probablemente la única correcta. Pero si en un conflicto las dos partes creen tener la razón, habrá un choque, nadie creerá que el otro pueda tener algo que decir, nadie querrá ceder parte de su “verdad” (y a la vez parte de uno mismo). No nos engañemos, esto es así casi siempre, pero lo cierto, al menos lo más cercano a la verdad, es que rara vez hay una única opción, que casi nunca se tiene la razón al completo, la verdad absoluta. Ante un conflicto solemos perder la perspectiva y sólo vemos nuestro lado del asunto, y pocas veces nos ponemos bajo la perspectiva del otro. Por triste que suene, la empatía empieza a ser un bien en desuso.

Somos seres egoístas por naturaleza, afán de supervivencia diría yo, solemos creer que nuestros problemas son los más importantes, los únicos merecedores de la compasión del mundo, obviamos las voces que gritan a nuestro alrededor, y así nos va. Si dejáramos de mirar nuestro ombligo por un momento, si escucháramos de vez en cuando, nos daríamos cuenta de que probablemente tendemos a exagerar un poco todo lo relacionado con nosotros mismos. Y es que, en el fondo, saber escuchar es un arte y requiere de cierta experiencia y entrenamiento, pero cuando se consigue, es tan gratificante…

Todos somos piezas importantes en el teatro de la vida, y a veces contar tus cosas a otro puede cambiar la forma de interpretar tu vida, darle un enfoque diferente o simplemente encontrar otra forma de priorizar problemas y soluciones. Por todo esto, cuando tienes un amigo que es capaz de escucharte, al que hablas sin tapujos, y con quien compartes tus problemas pues te comprende, debes cuidarlo, casi mimarlo, porque estoy segura de que será una pieza importante en tu vida. Por lo general jamás te dirá qué tienes que hacer, incluso a veces ni siquiera lo que quieres oír, tal vez te orientará, te encauzará o te dará otra perspectiva de tus problemas. Y a partir de ahí, actúa, no tengas reparos en hacer lo que creas más adecuado para que tu conciencia duerma tranquila una noche más, no por egoísmo sino por responsabilidad.


martes, 19 de febrero de 2013

Sin tiempo ni fecha



Ayer, al salir del trabajo, me encontré con Enrique, un amigo de esos de toda la vida, Entramos en un bar cercano a tomar un café, hacía al menos seis meses que no nos veíamos, así que le pregunté qué era de su vida. Me habló, entre otras cosas, de su nuevo trabajo y de su familia, pero sobre todo, de lo que más me habló fue del tiempo, mejor dicho, del “no tener tiempo”. Estuvimos poco más de media hora sentados en aquella cafetería, no paró de mirar el reloj de su muñeca, en algún momento, casi me sentí violenta, como si le estuviera retrasando en alguna cosa importante. Al final como supondréis, nos despedimos de aquellas maneras en la escalera de un autobús urbano. Durante la charla, estas fueron algunas de sus frases:

"Un café rapidito, no tengo mucho tiempo". 
"Me han regalado un libro, lo leeré cuando tenga tiempo". 
"Leo las cosas por encima, no puedo malgastar el tiempo". 
“No tengo tiempo ni para ver una película”.
"Vale, de acuerdo, tú puedes perder el tiempo, yo no". 
"Perdona, te llamaré, ahora tengo que coger ese autobús". 

Cuando me acosté, se me vino a la cabeza el encuentro con Enrique, soy de esas personas que pasadas unas horas le vuelven a la memoria algunas de las cosas que le han ocurrido durante el día, una especie de revivir lo importante para analizarlo más detenidamente, conversaciones, encuentros, lo que he visto…. Así que pensando en lo que me dijo, sentí que no coincidía con él en muchas cosas.

Yo, últimamente siento que el tiempo es quien me pertenece en lugar de ser yo su prisionera, he aprendido que si bien no hay que malgastarlo, tampoco ser su esclava es la solución a nada. Hace tiempo ya que descubrí que podemos empeñarnos en correr más que el reloj, pero aun así, el día, seguirá teniendo veinticuatro horas. He llegado a la conclusión de que el tiempo no se pierde por escuchar lo que un amigo nos cuenta cuando está preocupado, o cuando le va bien y está contento. Que quedarse embobada mirando una puesta de sol, es más importante que echarle una carrera al día, que nada es comparable a una noche de estrellas en la que Chet Baker nos regala una balada desde un viejo vinilo. Que el amor y la amistad no los define el tiempo, sino las ganas.

Así pues, he decidido por unanimidad conmigo misma decretar: que el tiempo tiene, simplemente, la importancia que yo quiera darle. Por lo que, esta norma es de obligado cumplimiento, para mí y para todo aquél que pase por mi vida en cualquiera de las formas posibles.




                                                                                                                                                                                                                                 Soledad.

Sin tiempo ni fecha.