
Así
he ido consolidando los pasos que he dado, y esta vez sin tan siquiera tratar
de conquistar todo con vano afán. Sinceramente, en este andar, a veces descalza otras con buen
calzado que me abriga los pies, definitivamente he excluido aquel llanto amargo
de antes y me he propuesto simplemente reconocer, no saberlo siempre todo.
En
el hoy por hoy, soy capaz de renunciar a todas mis pertenencias, de avanzar
considerando que la vida siempre vuelve a sonreír, que de vez en cuando es
posible soñar con noches brillantes, con momentos personales e íntimos. Y con
ello considerar cuánto he aprendido, que la calidad de lo que se obtiene nunca
es un accidente, sino más bien, el resultado de un esfuerzo inteligente que
reside en esperar con paciencia absoluta lo que el tiempo estime conveniente, lo
que más tarde deba ocurrir con una, una especie de disciplina de vida.
Por
tanto, me es más fácil detener mi mirada en las cosas bonitas de lo cotidiano,
del día a día, incluso apreciar lo que de interesante tuvo el día de ayer, asistiendo
así, de una manera diferenciada a dignificar mis caídas y a celebrar que soy
capaz de levantarme.
Ahora
puedo decir que mi vida no está en decadencia para así poder vivir y aprender
con sensatez, siempre y cada vez más. Suspiro por sueños renovados que son
provocados por el cariño, en lo más amplio de la palabra. Ideas y sentimientos nuevos,
que con el tiempo me servirán de evidencia.
Ahora
respiro por el simple placer que me brinda el aire que roza mi rostro, y si he
de derramar una lágrima será de agradecimiento y emoción infinita... por la
certeza de ser escogida y por lo condescendiente que se comporta conmigo desde
hace algún tiempo la vida.